Y la Cuaresma queda inaugurada

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Y es que El Coronado de Espinas sentó cátedra e hizo un magnífico alegato de lo que tiene que ser el acto del Vía Crucis. 

Sin estridencias, bien medido en el tiempo y en las formas. Y como protagonista, solo él. 
La llegada al primer templo de la ciudad se hizo de forma elegante y sobria por el camino más corto, calle Santa Maria. Y de fondo, voces educadas para hacer de forma coral un traslado en esencia. 
 
El rezo del Vía Crucis fue ágil en su desarrollo y con mucho peso espiritual. 
Y el regreso, con música, pero muy medida en cuanto a ejecución y repertorio, y con mucho ritmo sin perder la elegancia, hizo del Vía Crucis un todo casi perfecto. 
 
El Señor, con ajuar prestado desde Sevilla, lució de forma soberbia. Y el recorrido elegido fue el mejor posible. Y antes de las 12, El Coronado en su templo. 
 
Queda inaugurada la Cuaresma. 




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