Víctor VS Míchel

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A Víctor Sánchez del Amo le puede suceder en Málaga como a José Miguel González Martín del Campo (Míchel). Son casos idénticos, y para demostrarlo, basta con hacer un poco de historia

El 5 de agosto de 2017 se jugó en La Rosaleda el último Trofeo Costa del Sol disputado por el conjunto blanquiazul, con victoria de la Lazio por un gol a cero. Tras el partido, Míchel, flamante entrenador malaguista tras firmar una excelente segunda vuelta en la temporada 2016-2017, protagonizó, en rueda de prensa, una “rajada” contra la propiedad de las que hacen época. El técnico madrileño se quejaba, y con razón, del roto que le habían hecho en su plantilla durante el verano, con el traspaso de sus mejores puntales: Ignacio Camacho y Pablo Fornals; y el escaso interés mostrado por el club para negociar la continuidad de otros jugadores que habían ofrecido un buen rendimiento, casos de Sandro y Llorente. Para colmo, el director deportivo, Arnau, no hizo nada por satisfacer al técnico en la contratación del único futbolista que había solicitado: Javi García, jugador del Zenit que al final terminó recalando en el Betis.

Un día después de la monumental protesta del míster, publiqué en este medio un artículo que llevaba por título: Míchel nos abre los ojos. En el mismo, alertaba de lo que podía suceder cuando los resultados dejasen de acompañar. Por desgracia no nos equivocamos, y cinco meses después, Michel fue destituido. Todos sabemos que en fútbol, cuando se produce una mala racha de resultados, el primer damnificado es el entrenador, por aquello de que es más fácil despedir a uno que a veintitrés; como así sucedió: el nivel deportivo del equipo decreció tanto que la grada empezó a buscar culpables, y en momentos de crisis, lo fácil es hallarlos en los entrenadores. Para un sector importante de la afición, Míchel era el único responsable, olvidando que no podía obtener el mismo rendimiento de una plantilla que había sido destrozada. Demostró su buen hacer en la segunda vuelta de la temporada anterior, pero con mejores futbolistas. Un entrenador del que no esperábamos mucho cuando supimos de su contratación, como tampoco nos hizo excesiva ilusión la llegada de Javi Gracia -venía de descender con Osasuna– o Víctor Sánchez del Amo. Sin embargo, los tres han demostrado capacidad para hacer cosas importantes en este club si se hubieran dado otras circunstancias, tanto desde el punto de vista económico como deportivo.

¿Cuál fue el error de Míchel? No presentar su dimisión. Su error fue elevar la queja sin dimitir. Pudo irse por la puerta grande y se fue por la de atrás. Al final, la corriente de malos resultados lo arrastró. Una auténtica pena y motivo de satisfacción para aquellos que todavía consideraban al jeque un rey Midas o se les paró el reloj en la noche de Dortmund.

Pues bien, la historia de Míchel se puede volver a repetir en la persona de Víctor Sánchez del Amo. El actual técnico del Málaga, que acreditó su solvencia en el último tercio de la liga pasada, a pesar de algunos errores en los play off de ascenso, puede ver peligrar su cargo porque el propietario, este verano, como tantos otros, ha decidido que sus mejores futbolistas salgan del Málaga, y estamos hablando de Ontiveros, Gustavo Blanco, Pau Torres, N’Diaye o Ricca. Un daño irreparable para una plantilla limitada en efectivos y manifiestamente mejorable.

Al igual que Míchel, Víctor ha protagonizado rajadas monumentales en rueda de prensa, ha sido el único que ha levantado la voz y ha conseguido sintonizar con la afición. Pero su error, como el de Míchel, puede ser no presentar la dimisión. Los que no perdonaron la destitución de Muñiz, ante la crisis de resultados, están aprovechando la oportunidad para pedir la destitución de Víctor, y no les falta razón a tenor de los resultados que el Málaga está cosechando desde que empezó la temporada, pero olvidan que las circunstancias no son las mismas. Estamos ante una plantilla incompleta -nunca se había producido este hecho- y de escasa calidad, que ha perdido a sus mejores efectivos del año pasado, y está a expensas de que cuajen los hipotéticos refuerzos que han venido. Hasta el momento, tan sólo Sadiku ha demostrado cosas positivas.

Anoche, ante el HuescaCF, el Málaga protagonizó un vergonzoso partido. Nada tuvo que ver con la segunda parte que el equipo disputó en la capital maña. El Málaga de la Romareda permanecerá en Segunda, el de El Alcoraz desdenderá a Segunda B. ¿Y qué falló? ¿Cómo puede un equipo cambiar tanto en menos de una semana? En fútbol pueden influir muchas cosas, pero hubo varias de ellas que nos llamaron poderosamente la atención: se cayeron del once inicial de La Romareda, por las circunstancias que fuese, cinco futbolistas que tuvieron una buena actuación: Juankar, Adrián, Sadiku, Ismael y Keko Gontan. Esta fue la principal diferencia. El primer gol de los malaguistas en Zaragoza vino de un pase preciso de Ismael -lesionado en la cita de ayer- que fue rematado por Sadiku. Ninguno de los dos estuvo, uno de inicio y el otro por decisión técnica.

El partido que protagonizó la defensa del Málaga, en su conjunto, fue lamentable, como así la actuación del medio centro Boularhoud. En Segunda División B hay mejores futbolistas. La escasa calidad del entramado defensivo malaguista quedó plasmada sobre el terreno de juego. Estamos ante una plantilla de escasa calidad y reducida en efectivos. Una plantilla que puede contar con 11 o 12 futbolistas aceptables para luchar por la permanencia, pero insuficiente a todas luces para completar una liga de 42 jornadas. Imposible dar descanso a los hipotéticos titulares. Las rotaciones son posibles para el Real Madrid y el Barcelona. Para los demás, impensable.







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