El verano movidito del MálagaCF

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Las vacaciones son necesarias. Merece la pena desconectar unos días, aunque la dependencia posmoderna generada hacia los aparatos electrónicos nos lo impida totalmente. ¡Qué le vamos a hacer! Y pensar que no hace tanto tiempo ni siquiera existían los teléfonos móviles. Sobrevivíamos y éramos felices.  

Desde la distancia he sabido del traspaso de Camacho al Wolfsburgo. Desconozco que se le habrá perdido a Camacho en el equipo alemán. No creo que suponga para él crecimiento deportivo alguno, aunque evidentemente sí lo harán los ceros de su cuenta corriente. Pero la cuestión no es esa. Lo mollar de este asunto es que el bravo centrocampista, por su edad, esperaba el contrato de su vida, y el Málaga no se lo podía ofrecer. Un contrato que mejorase sus emolumentos por un lado y por otro que implicase la posibilidad de crecimiento deportivo en la liga española. Hablando en plata, podría ser que Camacho se haya aburrido de aspirar siempre a lo mismo –luchar por no descender- y con un sueldo que podría mejorar en caso de que el club creciera deportivamente.  En cierto modo entendemos su marcha y alabamos la elegante despedida que ha dispensado al club y a la afición. No ha sido sin embargo elegante la despedida de Sandro, salvo el besito que nos dispensó a través de las cámaras de televisión. ¿Qué dijo Sandro aquel día? “Hasta luego, Lucas”. Las condiciones en las que el Málaga fichó a Sandro eran más ventajosas para el futbolista que para el club. El problema de Sandro no se llama Sandro, sino Ginés Carvajal, un auténtico mercenario de la representación de futbolistas. Ha dislocado por completo al jugador, como lleva dislocando a todos los que ha representado desde siempre. Juega al mejor postor con muy poca ética. La imagen de los futbolistas a los que representa queda dañada, evidentemente.



Con la marcha de Camacho, el Málaga, una temporada más, a excepción de la anterior, vuelve a desmantelar su centro del campo. A ver ahora cómo tapamos el hueco generado por el aragonés. La pareja Recio-Camacho fue de indudable solvencia con Javi Gracia y lo ha vuelto a ser con Míchel.  Dos medios centro inexpugnables en labores defensivas. Tan sólo recordar que hace dos temporadas nos mantuvimos entre los cuatro equipos menos goleados de la categoría, y en gran medida se debía a la solvencia defensiva que ofrecían ambos jugadores.

Se rumorea en estos días sobre la posibilidad de que vuelvan a recalar en el Málaga CF los hijos pródigos Samu García y Amrabat. Permítanme que muestre mi escepticismo. En el caso del malagueño habrá que preguntarse por qué no tiene equipos que le pretendan. Se fue de Málaga siendo un buen futbolista, pero desde entonces hasta ahora no le ha ido bien. No ha sido el mismo caso de Samu Castillejo. ¿Interesa al Málaga dar cabida a un futbolista por el hecho de ser malagueño nada más? Pues depende de lo que pueda ofrecer a nivel futbolístico. Arnau y Míchel lo tendrán que valorar. Si resurgiera de sus cenizas, podría ser positiva su vuelta, pero también puede ocurrir que  su puesto esté bien cubierto. Lo mismo para el caso de Amrabat. Nunca terceras partes fueron buenas. Es normal que al menos tengamos la duda sobre la conveniencia o no de estas incorporaciones.

Sí parecen interesantes, por sus antecedentes, los fichajes de Roberto, Borja Bastón y del central Baysse. Podrían ser buenos refuerzos para tapar los huecos que han dejado Kameni, Sandro y Llorente. Tampoco entiendo la pataleta de Kameni. El club está es su derecho de buscar otras alternativas. Kameni ha cumplido como portero del Málaga cuando se le ha necesitado y ha protagonizado buenos partidos –todos nos acordamos de la defensa numantina que hizo de su portería en Barcelona– pero sinceramente pienso que probablemente él tiene un concepto elevado de sí mismo como portero. Kameni ha cumplido, pero no es Deusto ni Iríbar. Ni siquiera Willy Caballero. 

En estos días, el Málaga está intentando tapar los puestos que dejan libres los que se han ido y los traspasados. Sin embargo, ya saben que soy partidario de una política más ambiciosa por parte de las directivas, en el sentido de no traspasar a la ligera los que están funcionando. Un club decidido a dar un salto de calidad de verdad hubiese negociado la permanencia de Sandro, al menos una o dos temporadas más, y por supuesto la de Camacho. Pero para que esto suceda hay que ofrecer un proyecto deportivo más ambicioso en todas las parcelas del equipo.

Ha dicho el presidente del Valencia, el señor Anil Murthy, que no tiene dinero. Por lo que se ve, el jeque del Málaga tampoco. Pues fácil me lo ponen: el que no tenga dinero, que se vaya. No conozco a ningún empresario que mantenga un negocio si no gana dinero. Si se mantienen al frente de sus clubes, será por algo. No todo serán pérdidas. Y el que no sepa rentabilizar un club desde un punto de vista deportivo y económico, que no lo adquiera. Así de fácil. A nadie se le obliga a comprar y presidir un club.

¿Quiénes merecen ser presidentes de clubes? Los que consiguen clasificarlos para competición europea y encima los tienen saneados económicamente, o cuando menos con una deuda perfectamente asumible. Los que por lo menos lo intentan año tras año, que sus equipos crezcan deportivamente. En España algunos clubes lo han conseguido, caso de Villarreal y Sevilla; y otros están en camino de conseguirlo. También en Europa tenemos buenos ejemplos, uno de ellos es el Chelsea.

Lo que no se puede hacer es intentar presidir un club sin solvencia económica, vivir de cesiones o estar todo el día esperando a que un canterano explote para hacer negocio. Si no hay dinero para fichar, en la cantera puede estar la solución. Lo que tampoco se puede entender es que no se tenga para fichar y encima mal venda la cantera cuando se presenta la ocasión. No es lo mismo tener que traspasar a Sandro por 6 millones de euros, aceptando las condiciones que su representante puso para fichar por el Málaga, que fichar a Vitolo por 6 millones a Las Palmas para revenderlo por 35 al Atlético de Madrid, como ha hecho el Sevilla. En la capital hispalense andan cabreados, pero es evidente que la operación les resultará muy rentable, básicamente porque el Sevilla es un club que reinvierte una parte importante de sus ingresos por traspasos, cosa que no todos los clubes hacen. Desde luego que en fútbol hay formas y formas de ganar dinero, y el Sevilla ha sabido entender la mejor. El que mercadea con miseria solo obtiene miseria. Y a eso se dedican muchos clubes modestos, entre ellos el Málaga, a trapichear con futbolistas de bajo nivel, o mal vender a los que tienen buen nivel porque les falta paciencia para revalorizarlos como es debido.  El que arriesga más, obtiene pingües beneficios. El que arriesga menos, se queda sin dinero, y lo que es peor, sin patrimonio. Y el patrimonio de un club suele residir en su cantera y en sus propiedades. Esperemos que de tanto estrujar el limón, dentro de unos años no tengamos que lamentar que el Málaga se ha quedado sin dinero –con una enorme deuda- y sin patrimonio –sin futbolistas de valía-. No sería la primera vez que sucede.