Triunfa Castella ante el duelo Talavante-Roca Rey

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Fotos: Toros del Mediterráneo
Crónica de Manuel Álvarez.

Ficha de la corrida del lunes 14 de agosto de 2017:

Sebastián Castella

Alejandro Talavante

Roca Rey

Toros de Victoriano del Río. Bien presentados aunque desiguales en el peso. El primero con poca fuerza. El segundo, desastrosamente matado, recibió aplausos al salir del ruedo. El tercero, cojo de la pata trasera izquierda fue devuelto a los corrales y sustituido por uno de la ganadería Benjumea que enmudeció a la plaza merced a su tamaño y 600 kilos. El cuarto, con 480 kilos, demostró una gran movilidad debido a la diferencia de peso con sus hermanos. El quinto, también con menos peso fue aplaudido al salir de la plaza. El sexto rehuyó del enfrentamiento.

Plaza de La Malagueta. Casi lleno. La mejor entrada de la feria.

Triunfo sin paliativos de Sebastián Castella con dos orejas en una faena completa en la que un público entregado pidió, sin demasiada razón para ello, una segunda oreja en el cuarto de la tarde.

Aunque parecía que Talavante y Roca Rey iban a ser lo importante del cartel del lunes, Sebastián Castella se negó en rotundo a pasar desapercibido y que aquello pareciese más un mano a mano. Una corrida con falta de ritmo en su primera mitad, debido a la desastrosa forma de matar al segundo -primero de Talavante- y a la devolución a los corrales del tercero.

El público enmudeció con el sobrero de 600 kilos de Benjumea que no propició el trofeo en Roca Rey. La segunda mitad sirvió para el lucimiento de Castella que se supo triunfador al testar al cuarto y aunque voluntariosos, ni Talavante ni Roca Rey -debido a la falta de bravura de su toro- consiguieron acompañar a Castella. Habrá que ver si en su nuevo encuentro el sábado, Talavante y Roca Rey, consiguen abrir la puerta grande.

Sebastián Castella. (Oreja y oreja con fuerte petición de segunda)

El primer toro de Castella, negro de 524 kilos, fue recibido por una primera tanda de capotazos que el público de La Malagueta supo reconocer hasta que el toro enganchó el capote y le hizo desmonterarse. 

Aunque el toro mostró cierta mansedumbre al no entrar al tercio de varas y salir a la plaza caminando -el castigo con la pica apenas se produjo no llegando casi a romper la piel del animal- el quite de Talavante, lento como él sabe, demostró que el toro tenía buenos pases que sacar.

Castella, ante ese reto, le sacó unos pases que levantaron aplausos en el respetable a lo que siguió un tercio de banderillas discreto.

El torero francés dedicó la faena al público de Málaga y, ya con la muleta, citó al astado con derechazos alternos por la espalda a la que siguió una tanda de naturales. Ya con la música en la plaza Castella citó de nuevo por el pitón izquierdo al toro con una serie que fue agradecida de nuevo por el público.  Incluso cuando el toro se paraba en el pase, Castella fijaba sus pies al suelo y, sin moverse, esperaba el paso del morlaco.

Castella terminó su faena con una estocada ligeramente trasera y desprendida a la derecha que terminó pronto con la vida del animal. Oreja ante la petición mayoritaria del público.

El segundo de su tanda, de 480 kilos, negro y cuatro años demostró más movilidad que el tercero de la tarde. Con solo un pase por la pica el tercio de banderillas fue especialmente lucido en el tercero de los pares que obligó al saludo al público a su ejecutor.

Las banderillas parecieron animar al toro que, sin embargo, era difícil de fijar en el albero. Con la muleta, la primera tanda de naturales levantó aplausos, olés y música en la plaza, sabiendo el francés que tenía una oportunidad enorme de salir por la de Manolo Segura.

La segunda tanda de derechazos, quietos totalmente los pies, fue continuada por una tercera y una cuarta que entusiasmaron al público ante lo redondo del pase y la quietud del matador. Olía a puerta grande. Un arreón del toro desarmó a Castella que fue acompañado por aplausos del público. Esto no desanimó al francés que se acercó tanto que terminó rozándole el toro en uno de sus cercanos pases.

Con la espada, Castella buscó matar al encuentro en una estocada limpia, y bien colocada. Se sabía triunfador. El toro cayó pronto -aunque necesitó de esfuerzo en la puntilla- y el torero se dirigió a los medios para recibir la petición mayoritaria de oreja por parte del publico. Oreja y fuerte petición de segunda oreja.

Alejandro Talavante. (Silencio y oreja)

A Talavante, que había mostrado gran intención en su quite, le tocó en primer lugar un toro negro de 523 kilos. En el primer pase de capotazos comenzó a arrancar olés entre el público hasta que el toro enganchó el engaño.

Tercio de varas protestado por el publico que entendía que el castigo era excesivo. En su quite, Roca Rey, con una lucida tanda, hizo levantar olés y aplausos del expectante.

El tercio de banderillas bien culminado y con las agujas traseras para beneficiar en lo posible al matador. Tras esto Talavante no dedicó el toro al público y se limitó a saludar a la presidencia.

Talavante sacó varias series de naturales al astado que levantaron olés pero que, quizá por un exceso en el picado o falta de fuerzas del animal, no permitía una continuidad que hubiese hecho de su faena un ejemplo de estética. Mejor estuvo en la siguiente tanda de derechazos aunque no pudo evitar que el pitón enganchara en ocasiones la muleta, algo que Talavante resolvía con destreza.

Llegada la hora de entrar a matar el toro se refugió en las tablas, escarbando y el diestro pinchó en hueso en su primera entrada, algo que evitó que consiguiera un trofeo. Tras ella, el toro se echó pero al intentar apuntillar se levantaba hasta en cuatro ocasiones, algo que provocó algunos pitos y que sonara un aviso. Lo intentó Talavante con la espada de cruceta y un quinto intento de puntilla cuando volvió a levantarse el toro. Segundo intento con la espada de cruceta y segundos avisos. A la octava puntilla, esta vez por detrás del astado, consiguieron acabar con él. Aplausos para el toro.

El quinto de la tarde, un toro negro, listón de 486 kilos se mostró distraído antes del tercio de varas. En el tercio de banderillas el público recibió con palmas a Juan José Trujillo que respondió con dos pares bien ejecutados que terminaron en saludo del banderillero malagueño tras la ovación del respetable.

La escueta faena con el capote tenía explicación. Talavante quería el todo por el todo para salir también triunfante de La Malagueta y la forma en que quería conseguirlo era con la muleta.

Talavante comenzó con una tanda de derechazos que, debido a su lentitud en la ejecución, levantó olés y aplausos entre el público. Su siguiente tanda, de naturales, propició más olés y acompañamiento musical y es que, aunque Talavante se mostraba voluntarioso y brillante en la ejecución, el público tenía ganas de tarde-noche triunfal. Pero una nueva tanda de naturales, seguida de otra y otra y otra, desplantes, pases mirando al tendido de demás,  demostraron el por qué de la expectación que levanta allá por donde va. Talavante trató de sacarle más pases a su rival pero ya le había sacado todo lo que tenía. En esta ocasión la estocada fue certera aunque algo tendida y caída a la derecha acabando definitivamente con la vida del animal. Fuerte petición de oreja por parte del público que fue otorgada por la presidenta.

Roca Rey (Aplausos y silencio)

El primero de la tanda del torero peruano, un toro de casi seis años y 536 kilos, aunque comenzó distraído e incluso hincando el asta en la arena fue protestado por poca fuerza por el publico ya que perdía pies y manos con facilidad. La protesta se fue reforzando hasta que se hizo casi general en la plaza y la Presidencia lo devolvió a los corrales al tener una deficiencia en la pata trasera izquierda.

Sustituido por un toro de Benjumea de 600 kilos, negro bragado, astifino, veleto y casi seis años también, Roca Rey lo recibió con una tanda de capotazos lejanos que le sirvieron para evaluar al astado. El silencio del público ante el tamaño del animal y el peligro que entrañaba acompañó durante casi toda la faena.

El toro se bregó en el tercio de varas llegando incluso casi a alcanzar al caballo en el cuello. Correcto tercio de banderillas. Debió verlo claro el torero de Lima que brindó su toro al público.

Ya con la muleta recibió al toro con la derecha y atento al continuo cabeceo con el que acometía la embestida. En su siguiente tanda, también con la derecha, levantó los aplausos del público y la música acompañó la faena. Voluntarioso continuó sacando pases en los que el toro continuaba tratando de enganchar al matador con su cabeceo continuo. Aún así, Roca Rey sacó varias tandas muy meritorias con unos naturales largos, lentos y cercanos que fueron reconocidos en forma de aplausos.

En la suerte máxima el primer intento termino en pinchazo sonando un aviso, siendo su segundo intento bien colocado aunque algo desprendida a la derecha el que terminó rápidamente con la vida del animal. Voluntarioso Roca Rey que, pese al esfuerzo y el riesgo, no consiguió trofeo.

El último toro de la noche, negro de 514 kilos y andarín en un principio, fue recibido por Roca Rey tratando de pararlo y acompañado por una serie de verónicas que levantaron los aplausos del público.

Una sola vez fue necesario picarlo para acompañar un tercio de banderillas bien ejecutado en los dos primeros pases.

El torero peruano brindó nuevamente el toro al público para recibirlo totalmente parado y esperando a que el toro volviera al mismo lugar. Continuó con una tanda de derechazos, muy redondos y continuados que fueron del gusto del público. Pese a la voluntad del torero el toro se distraía dirigiéndose al tendido y huyendo del enfrentamiento. El público empezó a abandonar la grada, pero el esfuerzo del peruano tras el toro fue reconocido con aplausos. El desarme del torero terminó por deslucir la corrida. Desesperado, Roca Rey optó por acabar con su sufrimiento y el del público. Lo intentó con un primer pinchazo. La segunda fue una media estocada tras la que llegó un aviso. Roca Rey necesitó del descabello para acabar con el animal.