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Una batalla perdida

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¿Ha perdido el PP malagueño la batalla del reconocimiento a nuestra provincia en el ámbito de la autonomía?

A juzgar por gestos y declaraciones de unos y otros todo hace indicar que sí. Pero para tener una perspectiva histórica de este cambio de actitud en la línea oficialista debemos rememorar ciertos acontecimientos pasados e inéditos hasta la fecha que supusieron un antes y un después en la denuncia del agravio y las ansias emancipadoras de Málaga.

Corría el año 1992 cuando un decidido Joaquín Ramírez, luego vilipendiado por los que desde Sevilla lanzaban lisonjas a esta provincia, pusiera en marcha la Mesa por Málaga para acabar con la discriminación que sufría el PTA respecto a Cartuja 93. Y lo hizo con apoyos institucionales que hoy nos parecerían inexplicables por el actual intervencionismo del aparato de la Junta en sindicatos (CCOO, UGT), confederación de empresarios (alineados con el PSOE en el no apoyo a la marcha), o por la deriva ideológica en dirigentes de IU o del ya extinto PA. Lo que con un década de antelación (1980) nació como una falacia ideológica de la izquierda para desacreditar a los que desconfiaban, no sin razón, de la Andalucía de 8, en ese noviembre de 1992 dejó de tener, por poco tiempo, una utilidad práctica para cargos comunistas o andalucistas. En vista del cúmulo de agravios a Málaga, ni Luis Carlos Rejón ni Antonio Romero ni si quiera el andalucista Miguel Ángel Arredonda por aquellas fechas, estaban dispuestos a envolverse con la blanquiverde y colmar la paciencia del respetable. El éxito de la convocatoria no dejó a nadie indiferente: 14.000 manifestantes, entre ellos muchos estudiantes, que coreaban lemas como “Málaga sola. Málaga, comunidad autónoma”

Pero aquella Mesa que motivó la situación de desventaja del PTA amplió el foco de su protesta poniendo de manifiesto una realidad innegable: la constante generosidad de Málaga y la nula atención por parte del gobierno andaluz. Con los años, esta iniciativa, como ya mencionamos, se cobró su primera víctima, y a partir de ahí vino la debacle y la cascada de promesas en boca de cuadros de fuera de la provincia que nunca llegarían a buen puerto. Del mismo modo, ¿Cómo pueden entenderse las constantes alusiones del alcalde de Málaga a una autonomía malagueña durante años para luego silenciarlas y buscar ejes con Sevilla?

No cabe duda. Todo responde a una estrategia autonómica de partido donde los intereses de los malagueños quedan marginados. Y en consecuencia, la supervivencia política manda sobre todo lo demás. “Lo hecho hecho está” afirman.

La asimilación del Partido Popular provincial del status quo del modelo sevillanocentrista ha conllevado el enfriamiento progresivo de las históricas reivindicaciones para Málaga. El traslado de sedes autonómicas ha quedado prácticamente relegado en los discursos electoralistas en pro, en el caso del alcalde De la Torre, de una descentralización local improbable y poco realista. La desconexión del PP local, con el autonómico y estatal es tal que no existe coordinación alguna en reivindicaciones lógicas como la candidatura como sede para la Agencia Europea del Medicamento o en la mínima exigencia de unos presupuestos estatales y autonómicos dignos para el peso poblacional de Málaga y su generosa contribución a las arcas de ambas administraciones.

La cuestión ahora es saber si existe hoy un improbable verso suelto dentro de un partido monolítico que anteponga Málaga al cómodo discurso oficialista impuesto por el PSOE. O si, por el contrario, la dinámica de este PP será la de, una vez en la Junta, olvidar todo lo prometido durante décadas para quedar relegado socialmente en pocos años  y abonar así el terreno para la llegada a las instituciones de siglas de corte provincialista que apuesten por terminar con esta asimetría territorial.







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Apartidista defraudado del mundo y esperanzado en el género humano. Docente entusiasta rebosante de malagueñismo

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