“Los de mi generación fuimos incapaces de adaptarnos a la política”

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Entrevistamos a Antonio Nadal Sánchez, catedrático de la Universidad de Málaga, escritor, preso político durante el franquismo y experto en la Guerra Civil española en Málaga. Debido a la extensión, publicamos hoy parte de la entrevista y mañana publicaremos el resto. No se lo pierdan…

D. Antonio Nadal Sánchez (El Fargue, Granada, 1949) disfruta desde hace tres años de una merecida jubilación. Catedrático de Historia Contemporánea por la Universidad de Málaga, ejerció durante casi cuatro décadas como docente e investigador de la misma. A una fecunda labor como profesor e investigador suma una rica experiencia vital, de compromiso con la libertad, que le llevó a la cárcel en su lucha contra el Franquismo. Testigo de excepción de nuestra historia reciente, habla con conocimiento de causa sobre el Tardofranquismo, la Transición y la Democracia en España. Conversar con Antonio Nadal es una auténtica delicia, porque además de ser un apasionado de la Historia, no vive ajeno a la actualidad política, social y económica de España y del mundo. Narra e interpreta los sucesos del pasado y del presente con tal precisión y sentido del humor que consigue que cualquier conversación resulte de lo más amena.

El profesor Nadal nos ha recibido en su casa, elegante, austera y diáfana, con estanterías repletas de libros, propia de un apasionado de la historia y de la cultura. A continuación, queridos lectores, les vamos a reproducir, en dos entregas, la interesante entrevista que le hemos realizado y que, sin duda, no dejará a nadie indiferente.



BM: Profesor Nadal, usted nació en Granada y vivió su infancia y juventud en el Fargue. ¿Podría evocar algunos recuerdos de su infancia y juventud?

AN: Yo soy del Fargue aunque nacido en Granada. La ubicación de 7 kilómetros le hizo ser una unidad retirada, como un pueblo, aunque no tenía Ayuntamiento. Mi patria es El Fargue. Como tantos españoles de la época de familia humilde. Mi padre era un hombre cultísimo, farmacéutico de profesión. Mi madre era una mujer que a los trece o catorce años le fusilaron a su padre y en consecuencia fue una mujer trabajadora. Como tantas familias de aquella época con sentimientos divididos. Padres que daban todo por sus hijos, muy emocionante recordar aquello…Me vienen recuerdos de lo que yo hice sufrir a mis padres cuando estuve en la cárcel de Teruel. Mi abuela, que vivía con nosotros como era costumbre en aquella época, creía que su marido desapareció un día y murió, cuando en realidad lo habían fusilado; y en los estertores de la muerte pensó que yo había muerto, cuando estaba en la cárcel. Mi madre era patológicamente enferma porque, además de haberse quedado huérfana, un shock terrible de niña, en más de alguna ocasión la Guardia Civil se la llevó cuando manifestaban que una mujer rubia de ojos azules  había estado en tal sitio… era una persona aterrorizada. Sobre eso, yo le di todos los malos ratos del mundo, cuando a finales del 68 me detuvieron y procesaron por el Tribunal de Orden Público; después vino la cárcel, y luego la mili, que para mí fue peor que la cárcel. Bueno, todo esto es historia, no me quejo.

BM: ¿Podría hablarme de su paso por la Universidad? De cómo surgió su vocación por la Historia.

AN: Mi vocación por la historia fue tardía, y resultado del marxismo determinista. Si hubiésemos estado en la actualidad con las posibilidades de hoy día, creo que habría estudiado Música. Pero después mi ilusión era la Literatura y el Arte. Pero entendí que el mundo tenía que ser transformado desde el conocimiento y entonces la única ciencia social que no era ni la politología ni la sociología, la que te hacía entender, posiblemente, el drama, porque lo que somos de origen cristiano buscamos la culpa y el drama en las sociedades, era la Historia. Entendí la historia como un compromiso. En España entonces nos formaba la Iglesia y la Falange, y yo tuve la suerte, desde los 14 años, de haber conocido en la Cartuja de Granada a las mentes más extraordinarias de la Iglesia. “Nunca nadie me puso la mano encima” a pesar de ser rubito, niñito y blanquito. Tengo un recuerdo extraordinario de la capacidad intelectual que había en la Cartuja. Sabios de gran magnitud de los que procuraba aprender.

BM: La Universidad de Málaga surge como una extensión de la de Granada. Una vez acabado sus estudios universitarios en Granada, se doctoró por la Universidad de Málaga. ¿Cómo fue aquel proceso?.

AN: Hice la tesina en Granada. Entonces me tuve que ir de Granada porque después de mi historial policial y carcelario, era imposible. Vine y un catedrático de Historia Medieval, un hombre profundamente de derechas -que como tantos otros en la vida, solo he tenido amigos en las “derechas”, porque las izquierdas son circunstanciales, políticas y tienes que tener mecanismos de auto-protección porque te destruyen-; me pidió que diera Historia Medieval en el colegio universitario adscrito en Málaga, en el que dos o tres profesores no éramos del Colegio Universitario, nos pagaba la Diputación, hasta el punto que pasado el tiempo nunca me reconocieron la Seguridad Social del año que estuve en la Diputación. De ahí no podían echarnos, y de ahí me pasaron a Historia Antigua y posteriormente Historia Contemporánea. Hice la tesina sobre la Huelga de las Tejedoras de la Industria Malagueña de 1890. Y la Tesis sobre la Guerra Civil en Málaga, donde publiqué la lista de todos los fusilados en 1984.

BM: A lo largo de tu vida también has desarrollado otras aficiones además de la Historia, como por ejemplo la Música –alguna vez le he visto tocar la guitarra- y la poesía. ¿Qué nos puede decir sobre esto?.

AN: Soy un aficionado. Me apasionó siempre la música y aprendí a tocar la guitarra y la batería. Estuve unos años en un concierto en El Fargue, recuerdos maravillosos. En la poesía soy también un aficionado, porque como no estoy dispuesto a reconocer el magisterio de Caballero Bonald o García Montero, entonces, sencillamente estoy “muerto”, pero como he estado “muerto” en tantos ámbitos, que uno más… Estuve en un concurso con un pseudónimo –Clodio– y quedé finalista. Ganó el concurso  una chica que luego fue premio nacional. Era mucho mejor que yo, claro.

BM: En los primeros años de democracia, una vez muerto Franco, muchos presumían de “haber corrido delante de los grises”, pero pocos lo hicieron en realidad. Usted sí puede hablar de ello con conocimiento de causa. ¿Puede contarnos algo sobre aquella etapa de su vida? ¿En qué consistió su actividad de lucha contra el Franquismo?

AN: Lo primero es que hasta 1975 nadie corrió delante de los grises, exceptuando en Madrid, que iban a caballo, y con las llamadas “lecheras” hacían la cabecera de la manifestación, porque los grises eran personas de 55 o 60 años que corrían 100 metros y les daba un infarto. Una vez, tendría yo unos 25 años, estábamos por la calle Larios, y provenientes de la Avda. Manuel Agustín Heredia y Alameda Colón, venían policías armadas espigados de 20 o 21 años, con pañuelitos amarillos en el cuello y con escudos; y de pronto irrumpieron corriendo y aquello sí era correr, y golpeando además. Cuando la gente decía hemos corrido delante de los grises, en realidad no se corría, porque normalmente, en las manifestaciones y frente a los grises estaba la Brigada Político Social, que te detenía. Aquel fue un periodo de extrema generosidad. Existía un nivel de inconsciencia, que no se puede interpretar como fanatismo, porque era muy difícil entregarse a una causa que te podía costar la vida. A los 22 años todos habíamos conocido ya, menos a las mujeres porque no había ninguna salvo para Joaquín Sabina que era el que se las ligaba a todas, el resto éramos todos vírgenes, pero habíamos estado en la cárcel, habíamos sido torturados, nos habían pegado, roto la vida de las familias y de nuestras madres. Mucha generosidad, pero sí es importante destacar de aquella generación, mi generación, la que hizo la Transición hasta la muerte de Franco, que fue una generación incapaz de adaptarse a la política. Ninguno de aquella época ha vivido de la política, muy al contrario, fue hostilizado de forma terrible, porque cuando yo entré en el PSOE y tenía una biografía superior a los que habían estado en el exilio del PSOE, pues claro, aquello era intolerable. No podías entrar en esa dinámica porque era imposible.

BM: Dado su compromiso con la democracia y su militancia de izquierdas en el Tardofranquismo y la Transición, sorprende que no haya entrado en política. Muchos que vinieron un poco después sí lo hicieron. ¿Ha tenido algún desencuentro con la política o con aquellos que se han dedicado a la misma? ¿Usted formó parte de la estructura fundacional del PSOE en Málaga? Me podría hablar sobre ello.

AN: Tengo varios libros escritos sobre esto. Pero he llegado a la conclusión con el tiempo de que debo poseer una capacidad estratosférica para crear hostilidad allá donde voy. Como consecuencia, de todo lo que pudiera ocurrir, me culpo a mí mismo, sinceramente, no sé cómo he podido generarme tantos enemigos, tan diversos, entre todos los sitios y lugares por donde he pasado.

BM: ¿Por tener criterio propio y defender su verdad?

AN: Dejémoslo ahí, porque cuando eso ocurre, debe significar que el equivocado soy yo, no puede estar equivocado todo el mundo, menos yo. En aquella época la lucha por encontrar, sabiendo lo que se preveía, un lugar en el ámbito de la política, era terrible. Yo he conocido a gente que “mataba”, ¿Por qué “mataba”? Porque era desgraciado en sus familias y no tenían nada que hacer. Y todos ellos fueron diputados. Y fueron subsecretarios. La política en España es la carrera más fácil. Incluso aquí vienen dos o tres argentinos o peruanos y se convierten en líderes. Después de haber fracasado en todo se convierten en líderes de la identidad y de la explicación de la naturaleza histórica de la política española. En definitiva, no he tenido nunca con la política profesional. Acepté ser candidato del PCE en 1982, pero sencillamente porque sabía que no iba a salir y porque me producía una rabia terrible los intelectuales, profesionales del PCE se pasaron al PSOE, en 1982, bajo el argumento de que había que hacer la revolución. Y Entonces, la revolución, con una minoría de 3 diputados no se podía hacer, había que entrar dentro del aparato con capacidad para modificar al Estado, y ese era PSOE. Y entonces, sencillamente, cuando uno es “fallecido”, salí del PSOE y después me echaron en 1977, se comprendía que acababa de “morir”, porque lo tenían todo: Ayuntamientos, Diputaciones… absolutamente todo. Y después es evidente que “convivir” con la derecha resulta prácticamente imposible, porque la derecha es incapaz de crear nuevas fórmulas que puedan incorporar al sistema y a la sociedad a gente que no forma parte de los sistemas más cerrados. En cualquier Ayuntamiento, en el ámbito del pensamiento o la intelectualidad, siguen los mismos que estaban con el PSOE. La derecha no ha decidido modificar esto. Entonces si la izquierda me rechaza y la derecha también, me doy por vencido; y escribo cosas en Facebook, me hago forofo malaguista y voy a La Rosaleda a ver al Málaga (risas). Mi patria es el Granada, la nación es Málaga y el espíritu hegeliano es el Real Madrid. En la izquierda tuvimos un grandísimo defecto, intentamos crear unos ámbitos que llamaríamos superestructuras, de mayor nivel, pero cuando nos damos cuenta de que la gente lo que quiere es cantar por Manolo Escobar, eso no se puede cambiar. No pudimos introducir a Paco Ibáñez, a Pi de la Serra ni a Raimon –entre otras cosas porque no cantaban en español-,  y el otro día en La Rosaleda, en el partido de la selección española cantamos a Paquito el Chocolatero, y todos como locos de contentos. Es lo que hay y debemos aprender. Lo otro es vivir en otro mundo.

BM: En sus años como docente también ha desarrollado una gran labor investigadora que ha quedado reflejada en importantes publicaciones. Una de las más interesantes es el libro que publicó sobre La Guerra Civil en Málaga (editorial Arguval, 1984). ¿Cómo fue la Guerra Civil en Málaga?.

AN: Fíjate cómo fue que, jamás, desde 1979 que yo publiqué la lista de los fusilados en Málaga en la revista Jábega, y posteriormente la publicación de mi libro en 1984, he sido llamado ni consultado por una sola de las instituciones dedicadas a ese fraude histórico que se llama Memoria Histórica, y del que Canal Sur se ocupa bastante. En aquella época nadie estudiaba la Guerra Civil porque era tremendamente peligroso. Todos mis colegas se iban al siglo XIX, pero cuidado con entrar en este asunto porque te podías crear enemigos tremendos. He tenido documentos en mi mano que he ignorado de personas relevantes de Málaga –de haber estado en Granada no hubiese podido escribir el libro sobre la Guerra-, la familia de mi padre eran militares, profundamente de derechas y las de mi madre de izquierdas-, documentos de sucesos de guerra de Carlos Arias Navarro y personalidades malagueñas que yo oculté porque no venían a cuento. La Guerra Civil en Málaga, desde julio del 36 a octubre del 36 eliminaron a más de 2000 personas, y lo escribo en mi libro en 1984, con lo que no paso factura a nadie, y no eliminaron a más personas porque ya no había más. Gentes de las más diversas profesiones, católicos, sacerdotes, boticarios, etc. Publiqué todos los muertos, pueblo por pueblo, de la época republicana. Fue una represión terrible que se desarrollaba sobre familias enteras, sobre todo en los pueblos, a lo que yo llamé “familiarismo”. Después publiqué los muertos de visitas a la cárcel, listas enteras -había legajos pegados a la pared en la antigua cárcel hechos carbón por haberle caído el agua-. La guerra en Málaga fue espantosa. Repito, no mataron a más gente porque ya no había. No quedaron clases medias en Málaga.

Y luego la salida de Málaga fue un verdadero desastre, porque huyeron de forma lamentable. Y cobardes, el coronel Villalba y otros militares. Se dirigieron a Nerja y desde allí hacia Almería, pero se fueron un día y pico antes que la población civil, atemorizada, lo hizo por la carretera de Almería, hasta que el ejército italiano que venía desde Loja a Vélez-Málaga le cortó el paso y los devolvió hacia Málaga. Luego la entrada de las tropas, pese a lo que se dice, no fue terrible, porque quienes entraron fueron los italianos, las tropas italianas, a excepción de una columna que mandaba el coronel Borbón, tío del Rey Juan Carlos, que entraron con los moros por Huelin y allí se cometieron duras represalias. Pero el resto fueron los italianos que venían con prensa internacional y estaban como buenos aliados del fraude histórico de su historia, la armada británica, enfrente dándole la bienvenida a los italianos, pero hasta la playa, porque en el mar estaban ellos. Lo que vino después fue una represión terrible similar a la que ocurrió en otros sitios. Venganzas en todos los ámbitos. Pero cuando pase el tiempo se podrá hablar de la Guerra Civil en Málaga como un todo, no como una represión y una Memoria, sino como algo en lo que se llegó a tales extremos en los que la vida no valía.

         

BM: Los últimos años de su vida profesional los desempeñó en Sibiu, Rumanía. ¿Qué inquietudes te llevaron a ese lugar, del que por cierto, ha llegado a aprender rumano?

AN: Estuve en Sofia (Bulgaria), Sibiu y Chisinau (Moldavia). En Sofia he dado cursos de doctorado en lengua española. En la Universidad de San Clemente de Ohrid -que fue introductor del cirílico en Bulgaria-. Tomé la decisión de ir allí, y me pareció un mundo tan terrible y tan oscuro que debe ser como alguna vocación misionera (risas), decidí continuar y pasé unos años en los que aprendí, sobre todo a calibrar los efectos del comunismo.

BM: Profesor, ¿la historia se repite? ¿Hay algo de verdad en el dicho que establece que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”?.

AN: No, la historia no se repite. Cada periodo histórico tiene sus rasgos propios, sus manifestaciones de violencia. Lo único que no ha cambiado en los últimos dos siglos han sido las mentalidades, ha cambiado el sistema político, económico, cultural, pero no han cambiado los grandes pilares del sistema de ideas y comportamientos. Siguen las posesiones en el amor, los celos, la ternura, el afecto. Es posible que ahora se esté experimentando un gran cambio, pero es lo único que no ha cambiado. El resto se ha modificado. 

CONTINUARÁ MAÑANA