La tiranía de las minorías

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Resulta imposible permanecer impasible ante lo que está sucediendo en estos días en el Congreso de los Diputados. Trasciende cualquier cambio legítimo de gobierno. La fechoría que el señor Sánchez pretende perpetrar supone la voladura del consenso social que hizo posible la Constitución de 1978, que con todas las imperfecciones que le queramos conceder, ha garantizado 40 años de paz y prosperidad a nuestro país, bajos gobiernos de distinto signo político.

Estamos ante un cambio de régimen propiciado por los que nunca son capaces de aceptar que hay una gran mayoría de españoles que piensan de forma distinta sobre muchos aspectos que afectan a la política, la economía, la sociedad, la cultura y hasta la religión. El gran mérito de la Constitución del 78 fue la capacidad que demostraron sus autores de llegar a consensos básicos en cuestiones que siempre habían sido motivo de conflicto entre españoles. Tanto unos como otros supieron ceder en aspectos maximalistas de sus postulados ideológicos para que la reconciliación entre españoles fuese posible y la buena convivencia quedase garantizada. Y así ha sido durante 40 años. Quebrar el consenso del 78 y acabar con la Constitución puede suponer la ruptura de la paz social entre los españoles. Millones de españoles no van a consentir que se pretendan liquidar artículos básicos de la Constitución, como el 27, que garantiza a los padres el tipo de educación que deseen para sus hijos.

El presidente del gobierno en funciones, Pedro Sánchez, está demostrando ser un político sumamente ambicioso, imprudente y carente de escrúpulos. Un señor que fue rechazado por el aparato de su partido, y readmitido después tras granar unas primarias gracias al apoyo de una exigua militancia muy radicalizada, tanto como él, pero en realidad, nunca debería perder de vista que puede ser presidente del gobierno gracias a millones de españoles que lo han votado y que no tienen por qué estar de acuerdo al 100% con la fechoría que pretende perpetrar. De hecho, 300.000 votantes socialistas optaron por la formación de Santiago Abascal en las últimas elecciones. Ha sido un aviso a navegantes.

Pero también resulta sorprendente el silencio cómplice de algunos pesos pesados del partido socialista, que anteponen la posibilidad de gobernar a la indignidad de hacerlo apoyados por los que quieren destruir España y con los que, hasta hace poco, nos apuntaban con sus pistolas. No es de recibo la actitud del líder extremeño Fernández Vara, que está todo el día quejándose con la boca pequeña, de cara a la galería, pero sin atreverse a dar un golpe sobre la mesa. Ante la grave situación generada no cabe ambigüedad posible. O se está con la Constitución o se está con los que quieren acabar con ella. En este sentido, Pedro Sánchez se ha situado al mismo nivel que Carlos IV, por la traición que está a punto perpetrar a la nación española.

Nos encontramos también ante la tiranía impuesta por determinadas minorías que pretenden poner de rodilla a millones de españoles. La actitud liberticida de aquellos que desean para España un nuevo régimen, a su imagen y semejanza, sin que surja del consenso social y político necesario para garantizar la sana convivencia entre españoles. España vive desde hace bastante tiempo bajo la tiranía de las minorías, chantajistas del Estado, y cuando no, criminales o asesinas. Fue el gran pecado de la Transición, otorgarle a determinadas minorías sociales y políticas la posibilidad de doblegar a todo un país con una ley electoral tremendamente injusta. Y no solo los nacionalistas e independentistas forman partes de esas minorías –favorecidas por la ley electoral-, sino también un sector del PSOE que está resultado dañino para su propio partido y para el conjunto de los españoles. Convendría hacer memoria, de esa que tanto gusta a la izquierda española.

El 22 de julio de 2000, José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en secretario general del Partido Socialista. Se impuso a José Bono, su principal adversario, por un estrecho margen de votos, 414 frente a los 405 que consiguió el líder castellano-manchego. De forma sorpresiva, Zapatero se convirtió en líder de la oposición, gracias al apoyo fundamental de los representantes del Partido Socialista de Cataluña (PSC), presentes en el XXXV Congreso del PSOE. Pero este apoyo no fue desinteresado, llevaba implícito la semilla de la destrucción del régimen constitucional español del 78, el que había proporcionado a España 22 años de normalidad democrática y progreso económico. La prebenda fundamental que reclamaban los socialistas catalanes, a cambio de su apoyo a Zapatero, fue un nuevo Estatuto de autonomía para Cataluña.

El nuevo Estatuto no tardó en llegar una vez los socialistas alcanzaron el poder en marzo de 2004, pero previamente, en noviembre de 2003, en el Palau San Jordi, ante 16.000 enfervorecidos socialistas, con Maragall y Montilla sentados en primera fila, Zapatero pronunció una de sus frases más famosas: “Apoyaré la Reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”. A Zapatero no le importó lo más mínimo la posible inconstitucionalidad del mismo, lo importante en aquel momento era demostrar tener más pedigrí nacionalista que los Convergentes de Puyol. Echar al puyolismo del poder exigía profundizar en la deriva nacionalista de los socialistas catalanes. La irresponsable frase de Zapatero fue el primer acto de traición a la Carta Magna. Estas circunstancias son admisibles solo para aquellos que consideran que su patria es el partido, el pesebre del cual se nutren, y no la nación indivisible de los españoles. El nuevo Estatuto catalán se aprobó en 2006, a pesar de que el Tribunal Constitucional consideró inconstitucionales 14 artículos del mismo y otros 27 sujetos a “interpretación jurídica”.

Un nuevo Estatuto, a todas luces inconstitucional, que terminó por dar alas al nacionalismo y al independentismo. Para intentar maquillar aquella desastrosa maniobra de los socialistas e intentar conformar a los críticos dentro del partido de otras regiones de España, se recurrió a la célebre maniobra del “café para todos”, por el cual ofrecieron a Andalucía otro Estatuto, más bien “estatutito”, con la intención de callar bocas y conformar a los discordantes; aunque todos sabemos que, cuando en España se habla de autonomías o de federalismo, siempre se hace de forma asimétrica, de forma que, vascos y catalanes reciben un café bien cargado, mientras que el resto de regiones se tienen que conformar con una nube. Con el nuevo Estatut catalán empezó a fraguarse la voladura del régimen constitucional español de 1978. Los responsables del desaguisado: el PSC y el presidente Zapatero. Por pura ambición de poder.

Desde los tiempos del Felipe González, el partido socialista catalán empezó a convertirse en un cáncer para el PSOE, una peligrosa enfermedad que ha acabado por devorar al partido, condicionar su política y por ende, la de todos los españoles. El PSOE es un partido de gobierno a nivel nacional, y no debería permitir en modo alguno que la tiranía de una minoría se imponga a la mayoría, votantes socialistas incluidos, del resto de España. Se trata de un partido político, el PSC, que en la década de los 80 debía su poder e influencia al voto emigrante del resto de España, a los cinturones obreros de Barcelona, a esa primera generación de españoles que emigraron a Cataluña, que se sentían españoles a la vez que comenzaban a sentirse catalanes. No había nada que reprochar. Pero descuidaron la educación de sus hijos y les permitieron caer bajo las garras del nacionalismo catalán, que ya empezaba a ejercer su influencia a través de la educación pública y los medios de comunicación; bajo la aquiescencia de los gobiernos de Madrid, ya fuese de signo socialista o popular.

El Puyolismo corrupto y corruptor era implacable en su estrategia de contagiar a la sociedad con una enfermedad llamada nacionalismo excluyente y supremacista. La deriva nacionalista del PSC ha sido una ruina para Cataluña, para el PSOE –que nunca ha sabido o querido acabar con tal calamidad-, y para España. Cuando los socialistas achacan a las políticas de Rajoy del aumento del independentismo en Cataluña no dicen la verdad. La responsabilidad debe ser compartida por los dos grandes partidos que han tenido responsabilidad gobierno en España, pero sobre todo por el PSOE, al permitir el crecimiento o metástasis del cáncer que supone el nacionalismo entre su afiliación en Cataluña. Los cachorros de esa primera generación de socialistas catalanes han acabado en ERC. Y toda esta minoría está consiguiendo tiranizar al resto de España porque Pedro Sánchez lo está consintiendo, culminando así la traición iniciada por Zapatero.

ERC junto con Bildu, representan lo peor de este país. Los primeros por su izquierdismo radical y nacionalista, y los segundos por ser los herederos de los que nos han estado matando durante 40 años. Supone una indignidad para cualquier gobernante pactar con semejante calaña. No es la Constitución la que hay que cambiar, sino la ley electoral, que ha permitido que un partido con 700.000 votos pueda decidir sobre el conjunto de los españoles. No es de recibo que Ciudadanos, obteniendo 1.400.000 votos tenga 10 escaños y ERC, con la mitad, obtenga 13. De igual modo sucede con el PNV. ¿Por qué el voto de un catalán o vasco vale más que el de un extremeño o andaluz? Estos fueron los pecados de la Transición, el pensar que con discriminación positiva hacia los que quieren romper España, iban a calmar sus ansias por destruirla. El tiempo ha demostrado que no. Toda discriminación positiva es negativa, en cualquier ámbito de la vida. La tiranía de una minoría puede arrastrar a este país a la ruina social y económica. No nos debe extrañar por tanto que un partido como VOX reclame la ilegalización de aquellos partidos que quieran romper España y la Constitución, amparándose en una ley electoral injusta y arbitraria.

En esta partida de cartas falta un jugador, Pablo Iglesias y su formación de extrema izquierda. Ni en el mejor de sus sueños podría imaginar la ocasión que se le ha presentado de obtener y retener el poder. Y de devorar al PSOE. Quizás lo tengan merecido.






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