La primera escuela pública, de San José de Calasanz

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En todo árbol, los buenos frutos se mantienen hasta que el hombre los recoge, en cambio, la fruta podrida se cae antes. La Iglesia Católica siempre ha dado buenos frutos, pero algunos prefieren solo fijar la mirada en la fruta podrida. “Por sus frutos los conoceréis”, dijo Jesús hace 2000 años, y algunos han dado buenos frutos, porque su obra ha perdurado y su influencia ha sido notable.  Este ha sido el caso de San José de Calasanz, patrón de los maestros, y cuya festividad celebramos hoy.

José de Calasanz  nació en Peralta de la Sal (antiguo Reino de Aragón) en el año 1557. Fue sacerdote y pedagogo, y si por algo destacó fue por fundar la primera escuela pública y gratuita de Europa, para niños pobres. No hubo que esperar a la Segunda República ni al Estado del Bienestar para ver fundada la primera escuela pública, y llama la atención que fuese por iniciativa de alguien ligado a la Iglesia Católica. Por otro lado, también resulta cuando menos curioso, que los grandes logros en educación hayan emanado de instituciones ligadas a la Iglesia, mientras algunos sectores de la sociedad tienden identificar modernidad con Ilustración y tachan a la Iglesia de retrógrada y oscurantista por su influencia a lo largo de la historia. Pues bien, las primeras universidades en Europa fueron fundadas por la Iglesia. Se ve, que los que así piensan, no han tenido en cuenta a Santo Tomás de Aquino, para quien razón y fe eran perfectamente compatibles.



Pero volvamos al santo de hoy. Con 14 años sintió una especial vocación al sacerdocio, pero en un primer momento no obtuvo permiso paterno porque su padre pretendía que colaborase en el sostén del hogar familiar, al haber fallecido su hermano mayor. Con esa edad destacaba por su entrega, generosidad y deseo de ayudar a los demás.

Estudió Filosofía, Derecho Canónico y Teología en las Universidades de Lérida, Valencia y Alcalá de Henares. Con 25 años fue ordenado sacerdote, y emigró a Roma, donde fue testigo de una devastadora inundación que acabó con la vida de 2000 personas y centenares de familias quedaron sin techo y sin alimento. Allí destacó el joven José de Calasanz, por su compromiso y entrega a los damnificados.

Recorriendo los barrios de Roma quedó impresionado por la ingente cantidad de niños sin escuela, consecuencia de la pobreza y  de la escasez de medios económicos. Comenzó a madurar en su mente la idea de crear una escuela abierta y gratuita para los niños sin recursos. Y para ello buscó ayuda en las autoridades eclesiásticas de la época y de algunas familias ricas, pero no la obtuvo. A pesar de los primeros contratiempos, no se desanimó, y solicitó una vieja sacristía de un barrio pobre de Roma; y en la parroquia de Santa Dorotea se fundó la primera escuela pública de Europa. Corría el año 1597.

El resto de su vida persiguió un mismo fin: abrir el mayor número de escuelas públicas posibles. Falleció en Roma en 1648, a los 91 años de edad.

 



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