La Asociación Rayya denuncia un trato de favor de la Junta al aeropuerto de Sevilla

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Para la Asociación Rayya, constituida para defender el Interés General de Málaga ante instituciones y partidos políticos, la apertura de nuevas rutas de Ryanair en Sevilla con hasta 16, claramente por encima del resto de aeródromos, incluidos los de su misma capacidad, no hacen pensar en lo contrario. La aerolínea Ryanair ha demostrado en más de una ocasión que su modelo de negocio y localización es el de incentivos. Como ya se viera en Granada, donde la respuesta de la multinacional ante la retirada del mismo fue la anulación de sus vuelos en la ciudad nazarí, Ryanair parece haber apostado en esta ocasión por la capital hispalense no por capricho sino por puro interés económico: las subvenciones otorgadas por el gobierno andaluz.

Desde Rayya aseguran “estamos viendo cómo a pesar de la caída generalizada de viajeros en aeropuertos españoles, el de Sevilla sigue manteniendo viajeros, incluso aumentándolos a doble dígito, un 25% de media desde enero con picos del 32% en febrero y marzo. Es una contradicción con un modelo de turismo tradicional que poco ha cambiado en los últimos años que capitaliza una sola ciudad en la provincia sevillana y que no puede explicar, en relación al resto del país, el aumento drástico de viajeros en su terminal, incluido el mes estrella de destinos costeros, agosto, si no está detrás la mano de la Junta y Susana Díaz”



Ha habido siempre, reconocen, un deseo desde el gobierno andaluz de hacer de San Pablo el aeropuerto regional. Y en esa línea, el proyecto de conexión del AVE con aeródromos de Málaga y Sevilla persigue el traslado de vuelos internacionales para centralizarlos en aquella ciudad restando protagonismo al Pablo Picasso.

Un clásico del centralismo sevillano

Las localizaciones inducidas de empresas y aerolíneas son ya un clásico en el modo de proceder de la Junta en su ciudad estrella. Es archiconocido que grandes multinacionales abrieron con incentivos su sede regional en la Cartuja para que el gobierno andaluz pudiese dar contenido a un continente olvidado tras la EXPO. Del mismo modo, hemos constatado traslados incentivados de sedes desde Málaga a Sevilla durante la autonomía chantajes como el de IKEA, obligada a abrir previamente en el Aljarafe; las presiones para que el Museo Picasso abriese en la ciudad hispalense; o el ya famoso Eurodisney en el que las exigencias impuestas y la nula sensibilidad facilitaron que el proyecto huyera de la Costa del Sol. El dogma a seguir de todos los presidentes de la Junta durante la autonomía ha sido bien claro: Si no es para Sevilla, no es para nadie. Y en esta lógica centralista y centralizadora se encuadra hoy la estrategia de lo público en un aeropuerto donde la iniciativa privada va de la mano de la Junta. Nunca al revés como sí sucede en aeropuertos rentables como el Málaga-Costa del Sol.

Declaraciones del alcalde

“La Junta de Andalucía no se apoya en Málaga, tiene miedo a que progrese”

Las palabras de De la Torre el pasado viernes en el Forum Europa siguen coleando en algunos partidos, aunque no han pillado por sorpresa al ciudadano malagueño que tiene asumido cuál es el papel que Junta y PSOE han dedicado y siguen dedicando a Málaga: la irrelevancia político-institucional. No se explican de otro modo los innumerables obstáculos en infinidad de proyectos de la provincia, algunos ya mencionados, o la negativa histórica: primero, al papel que Antequera debiera haber jugado como sede del Parlamento; o posteriormente, al traslado de sedes autonómicas a Málaga por su condición de capital económica y tecnológica de la región.

¿Cómo acabar con este modelo de gobierno impuesto?

Entendemos que la alternancia política en un gobierno es higiénica, pero no podemos olvidar que muchas de estas decisiones emanan de un sistema creado por los que pusieron en marcha la estrategia centralista (Fernández Viagas, Escuredo, De la Borbolla, Chaves…) 37 años que no pueden borrarse de un plumazo y que necesitan de una cirugía profunda que pasa por reformar la Constitución priorizando el mapa provincial y sus municipios, y devolviendo competencias al Estado. En esa doble labor descentralizadora hacia el ciudadano y centralizadora para acabar con el déficit y el derroche autonómico, Málaga debe reclamar su sitio. Ese mismo que en los albores de la autonomía la clase política sevillana se encargó de arrebatarle con mentiras, falsas promesas e imposiciones.