Inicio Deportes Husillos y la responsabilidad del propietario

Husillos y la responsabilidad del propietario

0
Compartir

Una nueva crisis se ha abierto en el seno del Málaga CF. A falta de confirmación oficial, Mario Armando Husillos se va, deja la dirección deportiva del equipo. Pintan bastos en las oficinas de La Rosaleda. No ha sido suficiente con el disgusto del descenso de categoría sino que a nivel institucional el Málaga parece la Casa de Tócame Roque. Y mientras, la afición se muestra enormemente preocupada, como se puede observar en redes sociales. También los medios de comunicación deportivos de la ciudad asisten atónitos a este declive de la entidad de Martiricos. Vayamos por partes:

NINGUNEO DE DIRECTORES DEPORTIVOS

La desautorización de directores deportivos ya tiene antecedentes con el actual propietario del Málaga. El pasado 28 de agosto, Esteban Rolón fue presentado en La Rosaleda como flamante fichaje del Málaga. Arnau estuvo presente en dicho acto, pero dejo claro ante la prensa que él no había avalado el fichaje, sino que venía con el visto bueno de la propiedad.

El 29 de agosto, un día después, le tocó turno a Diego Rolan. La pregunta que le formulé a Arnau en sala de prensa estaba de cajón: ¿Este fichaje ha sido obra suya o de la propiedad?  La respuesta fue la siguiente: “vamos a intentar que estas preguntas no se conviertan en habituales” y zanjó el asunto asegurando que el fichaje había sido obra del Málaga.

El pasado verano se puso de manifiesto una doble dirección deportiva en el club, la de Arnau y la de Al Thani, actuando de forma paralela. Y lo que no debería ser habitual en el Málaga es que los directores deportivos sean ninguneados por la propiedad en la toma de decisiones. Porque de lo contrario, ¿para qué queremos directores deportivos? Pero más grave que los directores deportivos sean desautorizados es el hecho de que se conviertan en cómplices de los desmanes del propietario. Y eso ha sucedido con Arnau en los últimos tiempos y Husillos llevaba un camino similar. No todo vale por un plato de lentejas.

PRIMERA SEÑAL DE ALARMA: EL CASO  MUÑIZ.

La situación actual del Málaga es muy delicada. Y el primer signo de alarma ante el futuro inmediato nos lo proporcionó Juan Ramón López Muñiz. Reconozco que nunca fue técnico de mi devoción, pero desde que ha dado calabazas al Málaga, ha ganado enteros en su cotización como entrenador. El técnico asturiano no ve claro el proyecto de futuro del club y ha preferido no engañar a nadie ni convertirse en cómplice de los desmanes del dueño. Muñiz, al igual que Weligton, ha rechazado formar parte de este club bajo las directrices del jeque. Actitudes comprensibles y plausibles.

LA DIMISIÓN DE HUSILLOS

El pasado jueves saltó a los medios la noticia de que Lucas Alcaraz sería el próximo entrenador del Málaga, a propuesta de su director deportivo, Mario Armando Husillos. Horas después, el jeque, a través de su medio de comunicación oficial, twitter, rechazaba la contratación del técnico granadino. El asunto es de tal gravedad que ha forzado la dimisión de Husillos. Pero Husillos debió dimitir hace tiempo. Por su responsabilidad en la contratación de los refuerzos de invierno que no han servido para nada y desde que Muñiz le dijo que no aceptaba ser entrenador del Málaga. Un director deportivo de prestigio no debe aceptar un cargo a toda costa. El proyecto de futuro del Málaga es preocupante y ofrece muchas dudas. Preferible es dimitir y explicarlo ante los medios.

La gestión de Arnau ha sido nefasta. Ha preferido los beneficios del cargo a contar la verdad a la afición. La dolorosa verdad de que el jeque no es de fiar y de que no hay un proyecto claro de futuro que no sea descapitalizar el club.

Juande Ramos se fue cuando se percató de que el pretendido salto de calidad no iba en serio, y Míchel se equivocó al no irse este verano, tras el traspaso de los puntales del equipo. Este propietario merece quedarse solo.  Todo el mundo es culpable de los males del Málaga menos él. La nómina de “cadáveres” que se ha dejado en el camino en los últimos años, entre entrenadores y directores deportivos, es demasiado extensa.

LA RESPONSABILIDAD DEL DESCENSO ES DEL PROPIETARIO

¿Qué es eso de que el jeque no es el máximo responsable del descenso del club? Pues claro que lo es. Es el propietario. Y tiene la responsabilidad total de todo lo que sucede en la entidad, tanto a nivel directivo como deportivo. Hasta en la contratación de directores deportivos incompetentes que le traen futbolistas de bajo perfil, para sustituir a los que él decide traspasar. Su responsabilidad le alcanza hasta cuando le mienten, por confiar en quien no debe. 

Todavía muchos creen que el jeque es un alma cándida al que llevan engañando desde hace años, pero cuando se trata recaudar dinero de las televisiones,  de los traspasos, o propiciar que sus vástagos vacíen la caja, no existe candidez que valga. Me parecería  lícito que los hijos tuviesen buenos sueldos si fuesen profesionales del mundo del fútbol y su gestión fuese brillante, entiéndase por gestión brillante tener la economía saneada y al equipo en competición europea; pero no en las circunstancias actuales. A ningún empresario de prestigio se le ocurriría remunerar a los que llevan a cabo malas gestiones. Ningún  empresario despilfarraría dinero propio si la cuenta de resultados no es positiva, a no ser que no sea dinero propio.

El Málaga está en Segunda División por la política de desinversión constante que el club ha llevado a cabo desde el año 2012. Cuando la política ha sido desinvertir, recoger beneficios y traspasar canteranos, nos hemos ido a Segunda. No es algo nuevo en la historia de este club.

Pero el jeque, como las directivas mediocres del pasado, seguirá teniendo adeptos, personas serviles que se creen más malaguistas que nadie. Para éstos, la gestión de los propietarios nunca es responsable de los fracasos deportivos y económicos de la entidad. La culpa siempre es del resto de la afición, de los que suelen ver las cosas de otra manera. Pronto volverán a su salsa, la de seguir cargando contra miles de malaguistas por no renovar el abono en Segunda.  La típica política de linchamiento hacia el resto de la afición para salvar la cara de los verdaderos responsables de la ruina deportiva del equipo. La táctica de echar balones fuera utilizando a parte de la afición como chivo expiatorio para exculpar a los verdadero culpables de que el Málaga sea el equipo ascensor, por antonomasia, de la liga española.

Y mientras todo esto sucede, observamos como el Sevilla se permite el lujo de tener en el banquillo al pichichi del Málaga de la pasada campaña: Sandro. Lógico, es el resultado de llevar a cabo políticas ambiciosas y de tener una afición exigente que las reclama.  

FUTURO PREOCUPANTE

Las cosas que suceden en Málaga no suceden en ningún sitio. En otros clubes, cuando se produce un descenso, los presidentes dan la cara y hacen propósito de enmienda. En Málaga no. Estamos en manos de un señor que no aparece por el club ni para dar un recado. Este año no vendrá a dar la vuelta triunfal por La Rosaleda.

No puede ser que la única esperanza del malaguismo sea un juicio que se ha de celebrar en diciembre, cuando el daño en la planificación esté hecho y perdamos un año en sin aspiraciones de ascenso. No se puede consentir que el propietario  tenga secuestrado los sentimientos de miles de personas y que no haga nada. Por mucho que el club sea suyo. Una sociedad anónima deportiva difiere en algunos aspectos de otro tipo de empresas. Están presentes  los sentimientos de la afición y el prestigio de una ciudad. Y la imagen que está dando el Málaga en los últimos 5 años está resultando lamentable, por culpa de sus gestores. No será fácil configurar una plantilla de garantías este año porque pocos futbolistas de nivel querrán venir, y hasta la contratación de un técnico puede resultar complicada. Si la imagen que transmite el club no es seria, ni con dinero se soluciona el asunto. Es muy difícil convencer a determinados jugadores y entrenadores cuando no hay un proyecto deportivo que inspire confianza.  

La justicia debería actuar ya e inhabilitar temporalmente al presidente del Málaga. Lo mismo que ha dispuesto una medida cautelar que impide la venta del club hasta que no se aclare el contencioso con BlueBay, haría falta otra cautelar para dejar en mano de gestores independientes –quizás del ámbito judicial bien asesorados por personas vinculadas al fútbol- la planificación económica y deportiva de la próxima temporada. El Málaga corre serio peligro de perder un año en Segunda, y lo que sería peor,  la posibilidad de un nuevo descenso o posterior desaparición. A los que hace cuatro años avisaban de un hipotético descenso si el Málaga continuaba con la política que estaba llevando a cabo,  se les tachaba de “reventaores”. El dinero que el Málaga va a percibir este año de la Liga y de las televisiones debería estar a buen recaudo, en manos judiciales, y no en manos del actual propietario. La afición malaguista, de por sí indolente, poco puede hacer ante algunas cuestiones que se escapan de sus manos.