El hotel del Puerto y el debate ciudadano

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Ya estamos otra vez con el debate ciudadano. La cuestión es embarrar el terreno de juego para que ningún proyecto interesante para Málaga salga adelante. Los grupos municipales franquicia de Podemos en Málaga, Málaga Ahora y Málaga para la Gente,  piden un debate ciudadano para ver qué hacemos con el hotel de 135 metros de altura que unos inversores cataríes pretenden construir en el puerto. Hasta el grupo municipal socialista que en principio no se opone al proyecto, ya dice que tampoco estaría demás preguntarle a la ciudadanía, por aquello del síndrome de Estocolmo que sufren con los Podemitas. Cada cuatro años se le pregunta a los ciudadanos, programas políticos en mano, qué partido prefieren para gobernar, o qué modelo de ciudad les gusta más de las opciones que cada partido propone; pero algunos no aceptan este hecho y proponen hacer un debate ciudadano hasta para poner un árbol en un alcorque.

Sobre el proyecto del hotel del puerto, tres de los cuatro partidos más votados en las últimas municipales se muestran a favor (PP, PSOE y Cs), por lo que no tiene sentido plantear un debate ciudadano cada vez que haya algún proyecto que llevar a cabo en la ciudad. La ciudadanía se manifiesta en la urnas, y en este asunto, parece existir un amplio consenso, no en vano, los partidos que están a favor suman casi 170.000 votantes en las últimas elecciones municipales. En una posición favorable al proyecto también se ha manifestado la máxima autoridad portuaria, el socialista Paulino Plata.

Este es el principal problema que mantiene a Málaga, desde hace décadas, en situación de inferioridad si se le compara con otras ciudades, en cuanto a los grandes proyectos que son importantes para el desarrollo económico. La coartada constante del debate ciudadano, cuando no la defensa del patrimonio o la utilización del ecologismo son las herramientas utilizadas para obstaculizar lo que es bueno para el dinamismo social y económico de Málaga. Y como ejemplos, baste citar los proyectos del Guadalmedina, del antiguo Campamento Benítez o el cine Astoria, entre otros.

El proyecto del hotel en el puerto saldrá adelante si el PSOE lo apoya desde sus instancias implicadas en el mismo, básicamente la Autoridad Portuaria y la Junta de Andalucía. Si lo hace a regañadientes, se demorará en el tiempo, como todas las obras que ejecuta la Junta en Málaga, pero también podría salir adelante. Pero como sean seducidos por los cantos de sirena de las opciones de Podemos en Málaga, las cortapisas y enredos al proyecto no tardarán en aflorar, y los cataríes tendrán que coger el petate e irse aburridos por tanta burocracia estéril, siempre utilizada en contra de la ciudad para disuadir a posibles inversores.

A los grupos de extrema izquierda representados en el Ayuntamiento en el fondo lo que no les gusta es la inversión privada. Lo del debate ciudadano es la excusa. Eso de que vengan inversores privados a crear riqueza a cambio de obtener beneficio no les seduce en absoluto. Ellos prefieren la inversión pública, la que sangra a impuestos al conjunto de la sociedad y que no conduce a nada, salvo a empobrecer el país. Defienden el modelo de inversión estatal, la que llevó a la ruina económica durante la Guerra Fría a infinidad de países de la Europa del este.

Y en cuanto al modelo de ciudad, ¿qué modelo prefieren? Uno que ellos llaman modelo de ciudad sostenible, ecológica, que quede al margen de las zarpas de aquello que consideran especulación urbanística. Donde cada vez que se plantee un proyecto urbanístico, rápidamente puedan contraatacar con la propuesta de un parque urbano. Se declaran en contra del ladrillo y llaman especulación a todo lo que tenga que ver con él.  Es como si los representantes de estas formaciones políticas no vivieran en bloques de vecinos o chalets, sino en las copas de los árboles, como Johnny Weissmüller.

Pero seamos serios. ¿A quién beneficia oponerse por sistema a cualquier proyecto que puede ser bueno para el futuro de la ciudad? A nadie. Algunas veces da la sensación de que algunos echan de menos la Málaga antigua, la de los corralones con “cagaeros” comunitarios. Una Málaga que queda hermosa para recordar en fotos, pero que no deja de ser la Málaga de la miseria. Justo de lo que viven muchos, de la miseria.







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