Encuentran restos de un collar en la Cueva de Nerja

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Un nuevo hallazgo en la Cueva de Nerja: restos de un collar de cuentas de mármol circulares de un ajuar funerario, posiblemente del Neolítico

Este descubrimiento es una nueva demostración del enorme potencial patrimonial que aún presenta la Cueva de Nerja y nos ayuda a completar la topografía funeraria de la cavidad

El collar pudo ser de un individuo infantil y pertenece al ajuar de su enterramiento, acompañando al difunto 

La Fundación Cueva de Nerja anuncia un nuevo hallazgo en la cavidad. Se trata de los restos de un collar de cuentas de mármol perteneciente a un ajuar funerario, las piezas son perfectamente circulares y estuvieron bañadas en pigmento rojo. Las cuentas discoidales no superan los 4mm de diámetro y han sido halladas en el marco de los trabajos que se desarrollan al amparo del Proyecto General de Investigación de la Cueva y por el Instituto de Investigación de la Cueva de Nerja.

Se han encontrado en un pequeño divertículo, en el lateral oeste. Algunas de las cuentas se disponen como si aún estuvieran ensartadas en el hilo, prácticamente en la posición en que fueron depositadas acompañando al difunto, posiblemente en algún momento del Neolítico.



El propietario del collar pudo ser un individuo infantil a juzgar por algunas piezas dentarias y huesos de la mano hallados junto a las piezas circulares y que también aparecen teñidos de colorante rojo.

Dibujadas en la pared, junto a los restos del enterramiento y su ajuar, se encuentran dos líneas oblicuas trazadas igualmente con pigmento rojo, así como marcas de esta pintura. Coetáneos o no, podrían formar parte del repertorio paleolítico y revelan una fuerte carga simbólica de las manifestaciones rupestres.

Este nuevo hallazgo nos ayuda a completar la topografía funeraria de la cavidad, sobre cuyos usos cada vez conocemos más.

La Cueva de Nerja, en toda la extensión de las Galerías Bajas, abiertas a la visita pública, funcionó durante gran parte de la Prehistoria Reciente (Neolítico y Calcolítico) como espacio para desarrollar actividades funerarias.

Desde su descubrimiento, uno de los aspectos que mayor atención mediática tuvo fue el uso pretérito de la cueva como necrópolis. De hecho, los jóvenes descubridores detuvieron su primera exploración en la sala de los Fantasmas, sobre dos esqueletos fosilizados cuya datación podría concordar con las últimas ocupaciones de la cueva.

La cavidad presentaba en el momento de su descubrimiento en 1959 unas evidencias muy numerosas de un uso funerario de la misma, desde sus bocas hasta puntos tan extremos como la zona terminal de la Sala del Cataclismo. Estas evidencias funerarias a juzgar por los restos observados aún hoy día y por las informaciones recopiladas, apuntan hacia una catalogación cultural que los sitúa fundamentalmente en los momentos finales del Neolítico y en el Calcolítico.

La tradición de la cueva como santuario, como mínimo desde el Solutrense (Paleolítico Superior), debe justificar que las sociedades productoras del Neolítico y Edad del Cobre, consideraran sus bóvedas como un espacio de sacralidad ancestral, idóneo para verificar sus ritos fúnebres.



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