Emotiva Exaltación de la Semana Santa en la Peña “La Asunción”

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Fotos: Remedios Ruíz / Mª. Ángeles Ramírez


Nuestro redactor de deportes y temas cofrades, Juan Antonio Fernández, fue el encargado de Exaltar la Semana Santa en la Peña “La Asunción” donde más de una lágrima se derramó entre los presentes

La emoción fue la nota predominante en la Exaltación a la Saeta, la Mantilla y la Semana Santa del presente año. El anterior pregonero, el maestro de la copla Pedro Gordillo, debería haber presentado al actual, por motivos familiares no pudo estar presente, pero sus palabras fueron tomadas por el gran artista malagueño Antonio Montilla, que se erigió en presentador del pregonero. Sentidas palabras llenas de cariño.



 

¡Dios te salve María,

Señora y Reina de mi alma!

Bendita entre las mujeres

y bendito sea tu pueblo,

que por Madre a Ti te llama.

 

 ¡Dios te Salve María!

Salve en el jardín de mis plegarias,

bambalina, de secuelas nazarenas

en un palio de esperanza.

De esta forma arrancó una Exaltación cargada de vivencias cofrades, con piropos a la Mantilla, con numerosas mujeres ataviadas con ten hermosa prenda, con sentidas palabras dedicada a la figura del saetero…

¡Te tengo envidia saetero!

Porque al paso de una imagen se crispa todo tu cuerpo

y sale de tu garganta hecho cante el sentimiento,

eres de este noble pueblo portavoz y pregonero

¡Qué suerte tienes saetero!

A trozos fue desgranando las diferentes advocaciones de la Semana Santa Malagueña, haciendo varias salvedades a Cofradías en las que, de una forma u otra, estuvo vinculado. Especialmente cuando se detuvo en la Cofradía de los Dolores del Puente, del cual fue reorganizador en el año 1982…

“El Lunes Santo es un día especial para el que os habla. Durante casi 30 años he acompañado a aquella Señora que lleva más de 260 oyendo las suplicas y peticiones que, desde el Puente, han ido a rezarle. Si amigas y amigos, la Dolorosa del Puente es mi devoción, tuve el gran honor de ser miembro de la Junta Directiva que reorganizo esta Cofradía allá por el mes de abril del 82, pero desde hace algunos años, no la acompaño por el discurrir procesional. Los años no pasan en balde y el cuerpo, sabio él, te dice cuando poner un límite al esfuerzo. Duro, muy duro, no estar a su lado, pero siempre estaré con Ella en mi corazón, la veré oculto entre las callejas, para que no vea mis lagrimas rodar, para que nadie me pregunte porqué no salgo, porqué lo dejo, eso es mío, y de Ella. Y de su Hijo que le precede y va entre ladrones, perdonando a unos y a otros, ofreciendo su perdón a quienes se lo pide, ese perdón que nosotros, muchas veces, ni lo pedimos y, desgraciadamente, lo damos. Por eso me permito deciros que la humildad nos hace más libres, perdonemos y pidamos perdón, os aseguro que el alma se hará más puro”

Pero la emotividad se hizo patente en dos momentos muy especiales, cuando habló de la Expiración, que fue su primera vivencia cofrade, de cuya Cofradía, su padre, fue miembro del grupo de Albacería…

“Y aquí, debo pararme, respirar, y recordar.

Allá por el año 70, mi padre me cogió de la mano una fría noche del mes de marzo. Yo por aquel entonces vivía en la calle Fuentecilla, hoy desgraciada y amargamente derruida. Cruzamos por el descampado donde hoy está la mole del edificio de hacienda. Cruzamos la avenida del polígono de la alameda, bajamos por el otro descampado, de otra mole actual, mole y para colmo, deshabitado edificio de correos. Entramos en la casa hermandad de la Expiración, y justo en la puerta, un señor alto, serio, elegante, un caballero de todas todas, le dijo a mi padre “Hombre Juanito ¿Ya vas a meter al niño en la Cofradía?” No os podéis llegar a imaginar lo orgulloso que estaba porque Don Enrique Navarro, le dijera familiarmente a mi padre “Juanito”. No en vano mi padre fue del grupo de albacería. Subimos, precisamente, a la albacería, y allí su íntimo amigo Panadero, solo con mirarme se subió en una escalera, cogió una túnica morada, me la puso y una segunda piel se me pegó al cuerpo, más que como la propia piel, como parte del alma. El terciopelo morado fue parte de mi vida cofrade desde aquella noche. Por eso, quiero darle públicamente las gracias a mi padre por haberme hecho cofrade, por haberme hecho parte de este mundo de hermandad, pero, siguiendo las que fueron sus palabras “una cofradía no es solo para salir de nazareno, en una cofradía hay que trabajar, si no, no te hagas cofrade”.

Y así fue, y hoy me siento orgulloso de sus palabras, hoy me siento orgulloso de él, y ojalá estuviera a mi lado. Te echo de menos Juanito.

¡Qué elegancia, qué majestuosidad, qué saber estar en la calle!. Expiración, solo decir su nombre ya sabemos lo que ello significa. La cofradía de las cofradías. Pero si hablamos de majestuosidad, esta palabra se queda infinitamente pequeña cuando contemplamos el Trono de la Virgen de los Dolores, el manto de la Virgen de los Dolores, el Palio de la Virgen de los Dolores, pero sobre todo la imagen de la Virgen de los Dolores. Todo en esta Hermandad es, como decimos en esta tierra “para echarles de comer aparte”. Y saeta tras saeta, le rezan a la Reina de San Pedro mientras sus Hombres de Trono la mecen”

Pero el momento más emotivo de la noche llegó al contar la historia de una  familia unida por el Señor de la Misericordia, contando paso a paso el vivir del Jueves Santo, culminando con la emoción contenida de aquella mujer ataviada de Mantilla que presentía que iba a ser su último Jueves acompañado al “Chiquito” perchelero…

“En el filo de la madrugada, cansados, somnolientos, Juan y su hijo suben calle cuarteles arriba. Remeditos se fue a casa hace un rato, pero padre e hijo tienen que ir a recoger a la mantilla más guapa y a despedir a su “mayor” que se va de nuevo al cuartel.

Pulsos, campanillas, aplausos, llantos, saetas, olés, ¡guapa, guapa, guapa! Se enfrentan con el ¡guapo, guapo, guapo! El Chiquito y María Santísima del Gran Poder se están encerrando. Juan y su hijo, se despiden de Juan hijo, agotado, sudando, pero feliz. Las manos ensangrentadas de repiques y contrarepiques, sus guantes blancos son de color de las túnicas de los nazarenos que pasan cerca de ellos. Besos de despedidas con sabor agridulce. Y antes de girarse e ir a buscar a su madre, ella ya estaba allí, tenía que despedirse de su hijo. Madre e hijo se abrazan, lloran y miran al Chiquito, se “presinan” y les lanzan un beso. Anita porta en sus manos dos claveles, ella se queda con uno, y el otro se lo da a su hijo “Juan, llévalo cerca, el Chiquito lo ha bendecido”, Juan se lo guarda en la chaqueta para colocarlo en la taquilla del cuartel, donde guarda la foto de Jesús de la Misericordia. Se sube al autobús y les lanza un beso. Lágrimas y sonrisas. El marido, que se día llevaba una bolsa, saca unas zapatillas, se agacha, ve el rosario y le besa con devoción, descalza a su mujer, y le coloca las zapatillas, negras por supuesto, hay que seguir elegante y no desentonar. Pero ella está cansada, muy cansada. Este año no tiene fuerzas de recoger a la Esperanza como cada año, ni de ir a casa Aranda. Se sabe que es el último año que acompaña a su Chiquito, no sabe porqué, pero algo en su interior así se lo ha dicho. Camino de casa no para de llorar, Juan piensa que es por la emoción contenida de ese día, pero ella sabe que es porque no quiere mirar atrás, ella sabe que ese año es el último que ira con su Chiquito.

Y al año siguiente, su corazonada fue real. Vio al Chiquito desde la Gloria junto a la Reina del Gran Poder”

Más de una lágrima rodaron entre los presentes, pero sobre todo en el pregonero que no pudo contener la emoción debiendo detenerse en este punto de la Exaltación porque no pudo articular palabras. Este momento fue acogido con los aplausos de los numerosos asistentes que llenaron la sala de la Peña.

Poco a poco fue llegando al final, no sin antes hacer mención a la cantante Eugenia García que interpretó dos saetas durante el Pregón una dedicada a Jesús Cautivo y otra a la Zamarrilla, con una manera elegante y que caló en el corazón de todos los presentes.

“¡Y ESA ESPERA, LLEGÓ! ¡¡¡RESUCITÓ!!! ¡¡¡SI HERMANAS Y HERMANOS!!! ¡¡¡RESUCITÓ!!! Jesús Resucito en San Julián, vayamos a verlo, no lo dejemos solo, ha pasado mucho, ha sufrido más, y todo por amor a nosotros, pobres pecadores.

¡VAYAMOS A VERLO Y ALEGRARNOS CON SU PRESENCIA! ¡QUE LA REINA DE LOS CIELOS, HOY YA SONRÍE! ¡QUE HIJO Y MADRE YA ESTÁN UNIDOS EN LA ALEGRÍA!”

De esta forma fue llegando al final de un pregón que no dejó indiferente a ninguna de las personas asistentes, no sin antes dedicar su pregón a su madre que estaba presente de forma testimonial con la mantilla que siempre llevaba…

“Pero me vais a permitir que mi último adiós se lo dé a alguien que, en espíritu, ha estado junto a mí, y hoy se encuentra con su Virgen de la Esperanza arriba en la Gloria, rodeada de serafines. Te quiero Mamá. Te echo de menos, con este beso, quiero que lo repartas con toda mi gente que está a tu lado desde la tribuna Celestial”

El público puesto en pie dedicó una cerrada ovación al pregonero durante varios minutos.

El acto acabó con varias saetas pro parte de Remedios Chamizo y “El Niño Trastea”.

Desde aquí nuestra enhorabuena a nuestro compañero Juan Antonio Fernández.



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