El debate en el que se rompieron las normas elementales de cortesía

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Los debates políticos entre aspirantes a gobernar son positivos para la democracia. En EEUU son apasionantes y el pueblo americano, doctorado en democracia, los aprecia y admira. Ayer vivimos uno por Televisión Española, entre el presidente del gobierno Mariano Rajoy y el líder de la oposición, Pedro Sánchez. Comentan en distintos medios de comunicación que fue un debate áspero y agrio. Y es cierto que en el momento en el que el señor Sánchez llamó indecente al presidente del gobierno se rompieron las normas elementales de cortesía, porque hasta ese momento estábamos asistiendo a un debate interesante, básicamente centrado en aspectos económicos. Por cierto, fue un debate muy mal moderado por el señor Campo Vidal, el cual se podría ir dedicando ya a otros menesteres.

Sobre economía se pusieron sobre el tapete dos formas distintas de concebir la sociedad y las relaciones económicas. La típicamente socialdemócrata, que confía al Estado – a través de una mayor carga impositiva a los ciudadanos- toda responsabilidad de protección para con la sociedad; y otra más liberal, que normalmente es más afín al Partido Popular, que tiende a confiar más en la sociedad y en la iniciativa privada en su capacidad para generar riqueza. “Estado versus Sociedad”.

Sánchez espetaba a Rajoy, como siempre hace el PSOE cuando está en la oposición, que cuando gobierna el PP se recortan derechos y prestaciones sociales y Rajoy respondía, como siempre suele hacer el PP, que la mejor política social es crear empleo bajando impuestos para que sea la sociedad quien asuma el protagonismo en la creación de riqueza –tejido empresarial y trabajadores autónomos-. El presidente defendía la idea de que para poder mejorar las políticas sociales es necesario crear empleo, y que de esta forma el Estado puede disponer de más recursos económicos, por la vía de la cotización a la Seguridad Social de un mayor número de trabajadores. El estado del bienestar sólo peligra cuando las cifras de paro son muy altas, porque las cuentas no salen, y gobierne quien gobierne, los recortes han de llegar cuando las crisis económicas golpean duramente. Es como el asunto de las pensiones del futuro. Es un problema grave para todo el país, en el que no se debe hacer demagogia; y donde se hace necesario llegar a acuerdos de estado. Es y será un problema para los distintos gobiernos, sean los que sean dentro de 15 o 20 años. Porque el problema de las pensiones del futuro no dependerá de la sensibilidad que tengan sobre el asunto las distintas opciones políticas, sino de las alarmantes cifras de natalidad que lleva arrojando nuestro país desde hace años. Nadie habla de este asunto, pero es el nudo gordiano de toda esta cuestión: la baja tasa de natalidad que España, y otros países de Europa soportan, que no garantiza el relevo generacional a la hora de trabajar ni de cotizar para una población cada vez más envejecida.

Y hablando de otro tema, en el debate de anoche hubo un momento tragicómico, digno de encomio. Si el asunto no fuese tan serio, era para troncharse de la risa. Pedro Sánchez le soltó al presidente del gobierno la siguiente frase: “Usted ha recortado el derecho a las mujeres a elegir cuándo ser madres“.

Y todos nos preguntábamos: ¿Qué ha querido decir el señor Sánchez con esta frase? Porque desde luego no me imagino yo al presidente del gobierno irrumpiendo en la intimidad de la alcoba de los españoles para decirle a las mujeres cuando han de ser madres o no.

El sentido de la frase no lo explicó. Porque explicarlo implicaba pronunciar una palabra que no quería nombrar: ABORTO. Ni siquiera se ha atrevido a utilizar el sucio eufemismo de “interrupción voluntaria del embarazo”. ¿Y por qué no ha sido capaz de hablar en estos términos? Porque puede que los “gurús” pensantes del partido se hayan dado cuenta de que este asunto ya no vende electoralmente. Que la palabra aborto es muy gruesa y no gusta a la sociedad. El viejo lema de “nosotras parimos, nosotras decidimos”, ha quedado totalmente desprestigiado y anticuado, entre otras cosas porque no deciden sobre sí mismas, sino sobre otra persona completamente distinta.







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