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El cofrade y su interior anti cofrade

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No cabe duda de que en los momentos difíciles de la vida, es cuando se ve a los líderes, a las personas con capacidad para negociar, con capacidad para ponerse en el pellejo del que tiene enfrente, con la capacidad para etc., etc., etc.

El Miércoles por la noche, en un conocido programa-tertulia de la televisión local malagueña, el señor Alejandro Cerezo lo explicaba muy bien:

  • “Las negociaciones en cuanto a horarios e itinerarios van a ser duras, ya que el cofrade que decide, que lleva a sus espaldas a una cofradía entera, no es capaz de ver que el que tiene enfrente negociando, está en su misma situación”.

Esta situación no es nueva en la actual sociedad que vivimos, pues sólo hay que irse al Congreso de los Diputados y ver a unos cuantos, por no decir todos, que además cobran de nuestro dinero, gritando como niños en un patio de colegio, e incapaces de llegar a ningún acuerdo que sea bueno para el conjunto de la sociedad.

Pero, en cuanto al cofrade, hay un matiz que debería diferir en cuanto al político; y es el siguiente:

Dice el diccionario sobre la palabra “hermandad” que es la relación de afecto y solidaridad que existe entre un grupo de personas o pueblos, entre otras definiciones.

Entonces, si eres cofrade, si eres hermano, no puedes ir a una negociación de horarios e itinerarios, con el “no” en la boca y no siendo capaz de escuchar y entender lo que el otro propone.

Es muy curioso que durante cerca de 90 años que ha estado vigente el actual recorrido oficial, las cofradías de la Victoria y Capuchinos no se han quejado sobre la supuesta ventaja que tenían cofradías como las de Santo Domingo, al tener la entrada al recorrido oficial nada más salir.

Ahora “la puerta” al nuevo recorrido se pone digamos en el centro, ni para ti, ni para mi, pero sin embargo a las cofradías del Perchel Sur, esto les está quemando como si fuese lluvia de una nube nada más salir la cruz guía.

Con una votación de 36 votos a favor y 41 en contra entiendo que había una clara disposición a tener un recorrido oficial nuevo. Ahora, el problema es saber llegar a ese nuevo recorrido oficial y salir de él, y no morir en el intento.

Nadie quiere perder sus supuestos privilegios, sus tiempos de paso, su estatus en su día, en su hora. En definitiva, nadie quiere ceder y lo esconden detrás de un supuesto miedo a las horas de madrugada, a la falta de público…

Si para llegar a un acuerdo, sólo de horarios e itinerarios, vamos a dejar más cicatrices que tiene ya la Alameda Principal, entonces no merece la pena cambiar nada, o quizás sí. Meter a las procesiones en la Rosaleda y que allí den vueltas hasta que la gente se canse de verlas.